Faruk
Todo ello, visto a través del frío ojo de una cámara y una
producción cinematográfica que da cuenta de un necesidad humana de primer
orden: la vivienda. Una producción, por otra parte, sin duda minoritaria;
abocada al circuito de festivales, aunque necesitada como todas de financiación
y promoción; nunca tan exitosa como para recuperar con holgura el dinero
invertido en ella o, en el mejor de los casos, no perder demasiado.
Un aspecto relevante del relato es que el personaje al que da
vida Faruk es nonagenario como el Faruk de la realidad. En ese caso, la pregunta que
enseguida se plantea el espectador es de orden empático, ¿Qué haría yo de
encontrarme en la misma situación que Faruk: dejaría que derribasen el
edificio o, para lo que me queda en el convento...? Pero ¿y si el resto de
vecinos ven el derribo con buenos ojos? ¿Y si hay quien aboga por
incapacitarme? Aun saliendo airoso de esta argucia legal - la inhabilitación
mental- asistimos a la manifestación de los insondables caminos de la codicia.
Pero la historia tiene trampa, y solo al final se desvela como mucho más lesiva
e injusta para el viejo de lo que habíamos sospechado hasta entonces: ver nota
final si se desea conocer.
Con ser muy interesante, la historia se empasta en una
sucesión de dilemas morales y administrativos que no acaban de fluir en
términos narrativos, o triquiñuelas legales y comerciales que no llegan a calar
en el paciente espectador.
Bien interpretados los papeles de Faruk y sus vecinos, que
asisten impotentes a ese zarpazo de la realidad capitalista inclemente. Como
nota curiosa, constatar que en Estambul nieva, y mucho. Es sorprendente, pues
la ciudad se encuentra a 41º norte, como el sur de Grecia, Italia o Barcelona:
curiosidades de la orografía.
Nota final: en última instancia, es la propia hija del
anciano quien vende la vivienda de su padre para financiar la película que está
rodando. Se disculpa mediante carta - ni siquiera lo hace personalmente- desde
Canadá, argumentando que, si la película va bien en taquilla, le comprará una
casa mejor en la playa. Pero, ¿tiene su hija derecho a hacer eso? ¿Se puede ser
más ruin? ¿Habrá ocurrido así en la realidad? Nos quedamos con la duda.

Comentarios
Publicar un comentario