Big boys
Tales comportamientos se ponen de
manifiesto en la pareja de hermanos con prima y novio que van de acampada a
un bosque con lago. Así, quien se nos hace pasar por arrogante, fuerte y seguro
de sí mismo - el novio tejano de la prima -, incluso machista, resulta
ser tierno, comprensivo y frágil; de una inseguridad en alarmante cuando se
pierde en el bosque junto al chico adolescente. En cambio, al hermano de nuestro protagonista enseguida se le ve venir: no es más que un bocazas que presume de lo que liga y
bebe sin haber abandonado del todo esa adolescencia en la que está inmerso el
hermano. Un cantamañanas que busca epatar con el novio tejano de su prima en base actitudes de primer orden.
A todo ello asiste perpleja la prima, a un baile testosterónico que bulle a su alrededor, sin saber muy bien
cómo comportarse: el tejano, supuestamente adulto y responsable, se pierde en
un bosque junto a al primo adolescente de la que ella es responsable ante su madre; éste resulta herido en una rodilla
y termina por darle un buen susto; su hermano se muestra incapaz de hacer otra
cosa que no sea bravuconear.
Al final resulta, al menos en mi opinión, que el muchacho sí es homosexual. Me conduce a esa
conclusión la manera en la que el chico se proyecta a futuro: en la película se nos
muestran sus ensoñaciones adultas, donde se imagina a sí mismo
teniendo sexo con el primo "político" al que idolatra o contemplando
juntos la puesta de sol: compartiendo la vida, en suma. Lo que chirría es
la manera en la que esos patrones de conducta machista y patriarcal, tenidos
por únicos y aceptables para encasillar a las personas en una u otra tendencia,
continúen siendo válidos. Y, si el muchacho resulta ser finalmente homosexual,
no ha de ser porque le guste cocinar, dibujar, escribir, autoexplorarse o
expresar abiertamente sus emociones. De hecho el tejano, epítome de la hombría
norteamericana, se muestra tierno, comprensivo y maduro cuando el chico trata
de justificarse por haber tenido una erección en su presencia. Nada es siempre lo
que parece. Los grises son necesarios en las relaciones humanas.
Interpretaciones brillantes de sus cuatro protagonistas: contenidas, nada histriónicas y en absoluto previsibles - en especial, las del chico adolescente o el tejano-, dirección intimista de actores y planos de cámara cercanos y emotivos, lejos de cualquier artificio y al servicio de la narración de las emociones, el argumento central de la película. Corey Sherman, su directora, realiza un espléndido trabajo de dirección de actores y puesta en escena de una historia compleja y nada complaciente.

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