Un pájaro azul

La reseña de la película reza: "una pareja que busca descendencia desde hace tiempo sin éxito, descubre un día  que una compañera de trabajo del varón está embarazada de este. La pareja queda entonces atrapada en un laberinto que pone a prueba los valores y la responsabilidad de ambos". 

Ignoro si tal reseña refleja por completo el torrente de emociones que el filme lleva aparejadas: estamos ante una historia argentino-uruguaya, por más señas; ya saben, mucho juego verbal, toneladas de catarsis emocional, sentimiento de culpa, arrepentimiento, familia, "vos qué os creés", etcétera. Sólo faltan unas gotas de psicoanálisis y este, ¡bingo!, también comparece: se manifiesta en la relación que mantienen el varón infiel y su padre viudo, amantísimo de la esposa y madre fallecida hace tiempo, y con quien se siente incapaz, pasados los años, de romper vínculo alguno y rehacer su vida.

En resumen, el hombre miente a su mujer, hastiada de no lograr concebir un hijo después de cinco años de intentos. Pero lo hace puntualmente: "¿entonces, sucedió en ese viaje de trabajo a Mendonza? Pero ¿qué hacía yo? -se pregunta la mujer en el colmo del egocentrismo, cuando su pareja trata de encontrar las palabras para revelar un hecho que podría callar y nada sucedería-. ¡Claro, fue ese fin de semana largo! ¡Y ni capaz fuiste de ponete un forro!". 

La compañera embarazada, también miente  al potencial padre. Aunque no lo hace a propósito: se equivocó con las fechas. El embarazo es debido a una relación habida antes. "Con otro tipo", matiza.

El padre, se miente a sí mismo al pensar que mantener su casa y sus cosas, tal y cómo las dejaron su mujer y su hijo antes de irse, conseguirán que ambos vuelvan. Que todo volverá a ser como antes.

La mujer que no logra embarazarse mantiene, apenas abandona a-su-pareja-de-toda-la-vida, un tórrido romance con un hombre casado que espera un bebé: "¿con qué derecho te presentás en su casa? Es un hombre casado y una buena persona", es todo su alegato. 

No me pregunten si se reconcilian y vuelven, tampoco queda muy claro; tan claro como la montaña rusa emocional que mantienen los componentes de la pareja, toda ello en mitad de una mudanza hacia una hermosa casa recién adquirida. 

Por si  fuera poco compleja la situación que atraviesan los jóvenes, el trabajo del chico en una editorial pende de un hilo: lo pone a salvo el relato que hace a su jefa-hueso del trauma infantil que mantuvo con su madre enferma. Más psicoanálisis.

Y para que nada falte, sonido directo. Allí donde los giros y expresiones del castellano argentino se hacen incomprensibles, la trama ayuda  poco. 

Por aportar algo positivo, las interpretaciones que hacen los actores de esos jóvenes personajes son muy creíbles, bien construidas. 

Pero, ¿por qué ese título, El pájaro azul? Es una metáfora de la situación por la que pasa la pareja. Vean la película y saquen sus propias conclusiones. Está en Filmin.

   

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