Paying for it (Pagando por sexo)

Como mínimo resulta incómodo manifestar el modo en que uno ve la prostitución. Al menos fuera de los lugares comunes de libertad—para—hacer—lo—que—uno—desee—con—el—propio—cuerpo,condena—sin—paliativos—a—la—explotación—sexual—de—otras—personas, retención—contra—la—voluntad—personal, mediación—de—proxenetas, empleo—de—menores, cualquier—forma—de—violencia... y otras que seguro olvido. Es obvio que la gran mayoría de las personas detesta el abuso de otras para servir a sus fines personales —sexuales, en el caso que nos ocupa—, pero, fuera de ese ámbito, ¿qué queda? ¿La prohibición o nada? ¿La condena al usuario/cliente/putero/consumidor de sexo? ¿Qué fin se persigue? ¿Se acabará con ella si se reprime o castiga? ¿Es posible acotarla, circunscribirla a un uso adulto, seguro y legal? ¿O es preferible hacer como que no existe y condenarla a la exclusión de los sórdidos clubes de alterne/puticlubs o las avenidas y parques de las grandes ciudades? ¿Dejará de existir por no estar a la vista? ¿Qué fines persiguen quienes la criminalizan? 

La película que hoy comentamos aborda el tema desde una perspectiva natural, respetuosa y valiente. Sin criminalizar, pero también sin animar o estimular su uso; apela a la libertad de las personas para ejercer y consumir la prostitución como cualquier otro bien o ejercicio laboral en curso, siempre desde un enfoque de respeto y responsabilidad por ambas partes; huyendo de lo sórdido, escabroso o sucia que pueda resultar su práctica. Bien es cierto que la muestra que se nos ofrece es sesgada, pues sólo contempla un tipo de relación unidireccional, la más habitual: la heterosexual, donde es el hombre quien consume y la mujer quien presta el servicio; obviamente, existen muchas más, pero sería imposible abordarlas todas en una película. Paying for It lo hace en relación con esta; y lo hace además desde un país donde está legislada y prohibida desde el año 2014, Canadá. La aborda desde la experiencia personal de Chester Brown, afamado dibujante de comic en su país y fuera de él, quien la traslada al cómic autobiográfico que da título a la película de Lee Sook-Yin.

Lo hace además desde un enfoque ideal —¿idealizado, blanqueado?—, en el contexto de un hombre joven cuya pareja estable decide emprender otra relación y éste decide probar con los servicios de prostitución que le ofrece su ciudad, Toronto. Nunca antes había recurrido a ellos y busca en estos una relación cuasi higiénica, diríamos; pues su vida sentimental y afectiva está plenamente cubierta —mantiene con su ex una relación de afecto y amistad permanentes, e incluso siguen compartiendo la misma vivienda, la de ella: la mujer considera oportuno llevar a su casa a sus nuevos ligues e inoportuno que él haga otro tanto; es más, es relegado, sin protesta alguna de su parte, a un oscuro sótano donde prosigue con su vida personal y laboral como si nada—. El hombre sostiene una relación de sana camaradería con su grupo de amigos. Durante las frecuentes comidas que realizan, abordan de manera franca y sin prejuicios los nuevos hábitos de Chester. Es el suyo un grupo peculiar de dibujantes de comic alternativo, donde el éxito parece acompañar en exclusiva a nuestro protagonista, quien no se siente en modo alguno endiosado y persiste en una sana y frecuente relación donde comparte sus experiencias; allí se analizan, a menudo cáusticamente, trasladando al espectador diferentes actitudes frente al mismo hecho, haciéndolo copartícipe y llevándolo a cuestionar su propia visión sobre el tema. 

Cuando me preguntaba si se idealiza o blanquea la relación, es porque en todos los encuentros que se muestran sin excepción, las interacciones sexuales resultan anodinas y carentes de morbo o interés hasta el aburrimiento. Apenas una práctica sexual rutinaria con un orgasmo banal —nada de gemidos, bramidos, fuegos artificiales o ejercicios de contorsionismo imposible —, a menudo seguida por una conversación sincera y sosegada entre la trabajadora y el cliente acerca de cuestiones diversas. Ese es, quizás, otro de los hallazgos de la película: dar relevancia a lo que la tiene, el encuentro emocional —sustentado no tanto en el sexo como en el verbo— entre las personas, toda vez que la práctica sexual queda relegada a un intercambio consentido de sexo por dinero. Conseguir que éste resulte aburrido por cotidiano, anodino por civilizado e higiénico por aséptico y sometido a prácticas reguladas por quienes lo ejercen, debería ser el fin a perseguir y no a quienes lo practican. Sin olvidar la responsabilidad del Estado para ofrecer a cualquier ciudadano los medios —educación, empleo, salud y vivienda— para ganarse la vida sin necesidad de recurrir a la prostitución. Y de hacerlo, garantizar las medidas sanitarias para trabajadores/as y clientes/as.

En el plano artístico, ya se ha elogiado la valentía de su directora para abordar el tema y hacerlo además desde la peripecia autobiográfica del autor, Chester Brown: sin tapujos, sordidez o drama. No en vano, la directora y el dibujante mantuvieron una relación sentimental que el dibujante narra en su comic y la directora ha llevado al cine, cerrando de ese modo el círculo. Magnífico el trabajo de casting donde el actor que encarna a Chester no puede ser más anodino, como requiere esta historia. También está memorable la actriz que encarna a la novia en una encendida defensa de la búsqueda del amor, la experiencia y el afecto como derecho de todas las personas a esta. Asimismo, Andrea Werhun parece encarnarse a sí misma como trabajadora sexual antes de dedicarse a la interpretación; es la que Chester mantiene con ella la más sincera y atractiva de cuanta se ofrecen en el film; la que dice continuar manteniendo pasados veinte años. Las localizaciones merecen mención singular: barrios y viviendas, alternativos, bohemios donde la vida discurre tranquila y sujeta a la creación cultural. Excelente banda sonora. Equipo actoral y multirracial en sintonía con la sociedad canadiense: Dan Beirne, Emily Lê y Andrea Werhun, como actores; la mencionada Lee Sook-Yin en la dirección.

En plena vorágine del caso Jeffrey Epstein, donde una gran cantidad de poderosas figuras de la política y las instituciones de diferentes países se han visto implicados en un gigantesco escándalo de pederastia y trata de personas, resultaría ingenuo, alarmante y hasta obsceno permanecer en la inacción como si nada ocurriese. Justo lo que hacen la mayoría de los gobiernos del mundo entero en una alarmante actitud de cinismo e hipocresía.

De otra parte, añadir que la prostitución está prohibida por ley en Canadá desde el año 2014.

Dos referencias acerca del mismo tema, analizadas en este blog:

Noemí dice sí, donde se aborda la prostitución en torno al gran premio de Montreal de fórmula 1. Brutal: en Canadá la prostitución comienza a ejercerse a partir de los 14 o 15 años de edad, más o menos.

Las chicas de la estación, tres jóvenes caen atrapadas en el mundo de la prostitución cuando creen tener el control sobre su cuerpo y sus vidas. En este caso el entorno es el de la ciudad de Mallorca.

 



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