Cyrus
Los hermanos Jay y Mark Duplass son quienes de contar en clave de tragicomedia las poderosas fuerzas que mueven a un quinteto de personajes de camino al amor a través del odio y, quien sabe, tal vez de nuevo al amor. Tal y como se presenta el relato, el vínculo entre ellos se sustenta en las relaciones de interdependencia mutua. Una dependencia a menudo nociva en muchos aspectos, que trata de dilucidar hasta qué punto los personajes son libres en las decisiones que toman o en las elecciones que hacen para alcanzar la felicidad, el objeto de deseo que todos buscan .
Dos parejas intentan rehacer sus vidas tras un fracaso sentimental. En medio, y como elemento distorsionador de la armonía que el resto persigue, el hijo de una de esas personas habido de una relación anterior y en exceso dependiente de su madre —veintidós años de criatura viviendo con mamá en calidad de par; y si bien en nuestra sociedad esto es natural, no lo es tanto en la sociedad norteamericana, donde un muchacho a esa edad está en la universidad o iniciando su vida lejos de casa—, y quien semeja ser adulto en algún aspecto, para revelarse un tremendo egoísta y manipulador, capaz de cualquier cosa con tal de seguir contando con el cariño y la atención en exclusiva de mamá.
Después de siete años divorciados,
la mujer de una de esas parejas decide volver a casarse. La relación entre los
ex es buena, también entre el exmarido y el nuevo novio de su exmujer. Deprimido
y harto de hacer vida solitaria, animado por su exmujer, el primero acude a una
fiesta donde conoce a otra mujer con la que todo parece ir sobre ruedas: se
gustan, se van a casa de él, hacen el amor y se emplazan de nuevo, con alguna
reserva por parte de ella. Tal reserva viene al caso de Cyrus, un joven en apariencia
maduro para su edad, que acepta de buen grado la relación de su madre. Incluso
llega a irse de casa e instalarse por su cuenta. Hasta que regresa de manera
inopinada e imprevisible y comienza a hacerle la puñeta a la nueva pareja hasta
lograr acabar con ella. El hombre se da cuenta de que el chaval está
manipulando a su madre, intentando lo que sea con tal de separarlos —el robo,
la mentira, el chantaje emocional; fingidas crisis de ansiedad o pesadillas, etcétera—, pero
el amor que ella siente por su hijo la lleva a asumir como naturales esos ejercicios viciados.
Por su parte, el hombre acude a
su expareja, a punto de contraer matrimonio y en nuevo plano sentimental por
tanto, como la consejera que nunca ha dejado de ser para él; poniendo de
manifiesto una relación de dependencia similar a la que este reprocha a su
nueva pareja, y evidenciando sus propias fallas sentimentales, más
injustificadas por cuanto él es un hombre adulto. La madre es la única que
asume con impotencia esa situación de interdependencia por la que atraviesa,
y parece estar dispuesta a renunciar al amor de pareja, en favor del amor filial.
O, tal vez no.
Magníficos en sus interpretaciones
como pareja potencia Marisa Tomei y el inenarrable John C. Reilly, un secundario
de lujo e imprescindible en un buen puñado de películas memorables bajo todo tipo
de temáticas: Gangs of New York, ¡Un dios salvaje!, Systers Brothers, Chicago,
Las horas, etcétera. E increíble por extraño —también por su lograda caracterización
de joven obeso— Jonah Hill, capaz de dotar de verdad a ese ser repugnante y
tierno a un tiempo que es Cyrus ( en El lobo de Wall Street encarnaba a Donnie
Azoff, abogado y mano derecha del personaje de Di Caprio, a una altura
superlativa. A menudo son los actores secundarios (o de reparto) quienes acaban
de redondear las películas más brillantes.
En todo caso, aquello que los
personajes llevan a cabo, rechazan o descartan, concierne de manera directa al espectador;
tal es la empatía que desprende esta historia que arranca una sonrisa, siquiera
amarga por cómplice, a quien la observa.

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